El 22 de febrero se publicó un comunicado en el blog oficial de Google Translate (blog sobre las herramientas de traducción automática de Google) en el que se anuncia la inclusión del esperanto como idioma de traducción en la herramienta de traducción automática del buscador Google. Hasta ahora es el idioma número 64 en ser incluido en dicha herramienta y el único idioma planificado (léase "idioma inventado, diseñado") en un grupo constituido por idiomas "naturales" mayoritarios y una "lengua muerta" (el latín). La noticia ha repercutido de manera impresionante en la comunidad de hablantes del esperanto. La verdad es que ver un idioma inventado en una lista de 63 brillantes gigantes de la comunicación humana mundial (unos más pequeños que otros) es como ver pasearse a un curioso robot por la alfombra roja, entre humanos, en espera de un Golden Globe o un Oscar...
No quiero ser aguafiesta con esta noticia, pero la verdad es que esa herramienta de traducción automática de Google nunca ha sido suficientemente buena. Los profesionales de la traducción no se han sentido amenazados de perder sus trabajos por culpa del uso gratuito de esta herramienta de Google. La traducción entre idioma humanos todavía es una labor de elevadísimo esfuerzo intelectual que las computadoras están todavía muy lejos de lograr con el éxito relativamente rápido en que un cerebro humano puede hacerlo. Lo que no se puede negar es que el entusiasmo de la comunidad esperantista ante esta noticia está justificado. Ella significa el reconocimiento de un idioma que cada día gana más espacios en Internet. Y no lo digo porque me guste el idioma o porque le haga propaganda. Es un hecho objetivo, por ejemplo, que Facebook lo incluye como idioma para sus usuarios o que los artículos de Wikipedia en esperanto se multiplican cada año que pasa, así como el número de blogs y portales de noticia en dicho idioma.
No voy a decir tampoco que la herramienta falla completamente. Ya he comenzado a probarla para ver qué puede traducir y qué no. Me sorprende mucho probarlo con un párrafo completo que escribí en esperanto, y obtener una traducción al español no tan desastrosa como pensé que sería. Salvo cinco o seis errores en la traducción, el texto obtenido es casi 100% fiel al sentido del texto original.



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