lunes, 5 de marzo de 2012

Estereotipos: efectos destructivos sobre el conocimiento

Lo que me ocurre con los grupos de ateísmo, de escepticismo y de librepensamiento, es lo mismo que me ocurre en cuestiones de política nacional o internacional, y en cuestiones de filosofía. Para los grupos del llamado "nuevo ateísmo" resulta insoportable que yo pueda decir que la religión puede tener un efecto positivo sobre el ser humano. El estereotipo del nuevo ateísmo pide que uno hable mal de la religión. Las consignas de ese nuevo ateísmo (fanático, recalcitrante, esencialmente destructivo) son "la religión es el veneno de la humanidad" y "un mundo sin religión". Los nuevos ateos, que sólo repiten como loros y de la manera más grega las distorsiones radicales y fundamentalistas de los famosos ateos mediáticos estadounidenses y europeos, parecen no darse cuenta de que el 90 % de las críticas que oponen a la religión no se aplican a prácticas como el budismo, el taoísmo o el sintoísmo, porque el concepto occidental de religión no recoge todas las expresiones del fenómeno religioso. Cuando leo libros como el de Christopher Hitchen, Dios no existe (que en realidad es una recopilación de pensamientos de otros), puedo estar de acuerdo con todo allí, menos con el concepto fundamentalmente occidental que los autores poseen sobre religión. De manera que habría que formalizar todo un movimiento ateo específcamente para oponer las religiones orientales, algunas de las cuales son diametralmente opuestas al cristianismo, el judaísmo y el islamismo. Pero como no sigo el estereotipo del nuevo ateo, entonces no soy tomado en serio.

Los estereotipos del escepticismo y del racionalismo actuales van por el mismo camino del oneroso nuevo ateísmo. Se superponen y se reproducen en muchos niveles y aspectos. Tampoco puedo forzarme a encajar en los moldes del escepticismo y del racionalismo fanáticos, que hacen de los librepensadores una especie de ovejas miopes que se limitan a citar grandes autores y atacar a todo el que no opine como ellos. ¿No es acaso contradictorio que el librepensamiento, que tiene ese bello símbolo lingüístico prefijado --¡libre!-- se esté convirtiendo precisamente en lo contrario? Encierropensamiento, obtusopensamiento, esclavopensamieno, cerradopensamiento. Me da pena ajena cada vez que leo o intercambio ideas con un "librepensador", y descubro que apenas conoce el tema que está criticando, sin poseer una comprensión aceptable sobre aquello a lo que se está oponiendo. Incluso cuando digo esto se ofuscan y dicen que estoy tratando de darle la razón a los creyentes y a los ignorantes, como si conocer a profundidad el tema religión, o tener uno o dos comentarios a la casi perfecta obra de Pepe Rodríguez, fuera un signo de debilidad de carácter o una tara intelectual. La mente de estos "librepensadores" es un ladrillo. La mía es una goma que cambia de forma sin perder identidad propia. ¡Y esto les parece insoportable!

En cuestiones de política nacional, muchos creen que soy chavista, socialista o comunista. Las únicas dos razones que algunas toman como argumento para asegurar eso son que: 1) No soy opositor antichavista, y 2) No puedo dejar de opinar algo positivo sobre algunos elementos de las teorías de izquierda. Pero he aquí en política los mismos estereotipos radicales fundamentalistas según los cuales uno deber ser o chavista u opositor. O de derecha o de izquierda. Como si las ideas y las opiniones no puedan tener tonos de gris. Por supuesto que, a pesar de los tonos grises, uno puede tomar la desición personal de apoyar una visión determinada (haciendo a un lado las pequeñas objeciones), pero también uno tiene derecho a no hacerlo. Para mí eso es librepensamiento. Y si hablo de política internacional la cosa se pone peor. Porque ¿cómo puedo hacerle entender a alguien que las nacionalidades son importantes y necesarias actualmente, pero no tanto como para caer en el chauvinismo (que no es lo mismo que patritismo)? ¿Cómo hacer entender que el sennaciismo es una idea avanzada, pero que es necesario hacer primero algunos ajustes? Al final de todo, los que apoyan las nacionalidades sospechan de mi, así como los que hablan de sennaciismo.

Conclusión de todo lo anterior: uno termina solo con sus siete soledades, aquí, allá y en todas partes. Incluso llego a pensar que las personas se radicalizan y se fundamentalizan simplemente para poder tener compañeros de partido, porque no soportan la gélida, alpina soledad de Zaratustra. La única que no destruye el conocimiento y se ríe de los estereotipos.

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